Es constante en los contextos de la violencia la desestabilización social, es decir, los efectos de un sistema económico que ha causado grandes desigualdades y daños a las vidas de las personas. Ese sistema ha generado pobreza, desigualdad, descomposición del tejido social y diversas formas de precarización de la vida en sectores de la población que, históricamente, han sido marginados. La alta incidencia de feminicidios en el Estado de México es uno de los puntos álgidos en cuanto a la violación de los derechos humanos se refiere. Los esfuerzos por combatir esa ignominia no han sido pocos; sin embargo, los retos siguen siendo altos en la medida que se mantienen números ascendentes de desapariciones y asesinatos de mujeres e índices de impunidad aún inadmisibles. Esto quiere decir que, a pesar de las emisiones de alertas de género, que implican una especial atención a ese tipo de crímenes, de investigaciones académicas y periodísticas, así como de presiones de la sociedad civil desde diferentes grupos de activistas, profesionales, artistas y escritores, los resultados aún no han sido los esperados.